martes, 11 de agosto de 2020

Por la senda de la Vega.

Por el camino viejo de la juventud
la memoria desenreda la espiga
y en la audiencia pública 
de las cigarras tras los rosales
el sol exhala su veredicto.

¿Me acaricia el aire 
o son las manos de mi madre?
Oh nostalgia, cadalso del tiempo, 
qué ambivalente respuesta bajo 
la sombra horadada de los alisos.

¡Qué embriagadora alegría 
sentir nuevamente esta tierra 
y qué punzante dolor haber 
corrido, riéndonos, ribera
abajo en alcance del Duratón! 

El ajetreo del agua ahoga
aquella inocencia perdida
y por entre la heroica dinastía 
de las espadañas asoma
de nuestra infancia el colofón.

Tras una hilera plateada
de mariposas blancas: 
la curiosidad trepa impaciente
la catedral del río, que cobija
a la pedanía en su regazo. 

Desde la intemperie, tan solo
el futuro cierto, la caída libre
nuestra risa perdiéndose
en la frondosidad del bosque
montañas de arena y cuarzo. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario